
...Un rugido en el valle...
...Las nubes ocultan el Sol...
...El aullido del Lobo...
...Penetra en el corazón...
Mi sexta hermana... la segunda hembra...
Valinwell vio la luz treinta minutos después de que lo hiciera Windor y yo, en ese instante, ya había perdido la noción del tiempo respecto a los nacimientos de mis primeros hermanos, sólo recuerdo que el frío fue reemplazado por un temblor proveniente del interior de las montañas próximas a nuestra madriguera.
El rojo e insólito resplandor de la extraña luz que acompañaba al nacimiento de todos y cada uno de los miembros de nuestra camada se hizo sentir deslumbrante, al compás de los aullidos de los lobos del valle, intermitente y poderoso.
Las escamas de Valinwell asomándose y destacando en el blanco cascarón del huevo, fueron el reflejo y la premonición del fuego que dominaría nuestra existencia, del poder de la naturaleza actuando a través de nosotros.
Valinwell aspiró el aire que la rodeaba y escuchó la llamada del lobo que la poseía, que la dominaba, dotándola de un valor y un atrevimiento sin límites.
Mis hermanos ladearon sus cabezas, mirándola, esperando su próximo movimiento.
Kandarea, mi madre, volvió a sonreir, pletórica, orgullosa de contar entre su camada con una nueva hembra fuerte, inteligente, pero sobre todo valiente y capaz de dirigir a sus hermanos en los momentos de desánimo, otorgando, con su coraje el último aliento de entrega en la batalla final.
La hembra más valiente de la estirpe de los Siete Dragones de Inverness había visto la luz.
Su poder traspasó las paredes de la madriguera, provocando un suave lamento que escapó de su garganta, con un sonido infrahumano que ocultó el aullido salvaje de los lobos del valle.
Valinwell olfateó el frío aire de la cueva y vislumbró su posición en la camada. Su sentido jerárquico le indicó que debía retraerse, buscando el último lugar en cuanto a su relación con su madre y hermanos.
Pero eso sería por el momento, hasta que la gran estrella Antares, o su propio espíritu, le indicaran lo contrario...
PROYECTO DRAGÓN
Diario de Lyodrán. Aprendiendo del mundo y de los hombres
viernes 2 de octubre de 2009
VALINWELL
Publicado por Carolina en 10:43 1 Pensamientos de los Maestros
Etiquetas: Siete Dragones de Inverness, Valinwell
martes 22 de septiembre de 2009
WINDOR

...Un viento helado sopló en el mundo...
...La piel del oso se quebró y se abrió...
...Una serpiente nació del hielo...
Mi quinto hermano...
Windor vio la luz ocho minutos después de que lo hiciera Brianwell, y el tiempo se detuvo... un frío aterrador alcanzó a mi madre y a mis hermanos en el mismo instante en que se rompió el cascarón blanco y brillante que protegía al dragón más grande que contempló jamás esta tierra. Su boca se abrió dejando escapar un suave murmullo, como el reclamo de un osezno a su madre, pero de su garganta asomó un vaho blanco, helado y neblinoso.
La blanca nube formada por su primer aliento se mezcló con la roja luz insólita propia del nacimiento de nuestra camada, dotando a las frías paredes de nuestra cueva de un tono rosado y acogedor a pesar del hielo desprendido por el huevo al romperse.
Mi madre no supo de dónde provenía el frío inaudito que se sintió con la llegada de Windor.
Mi quinto hermano estiró sus extremidades y miró el entorno que lo rodeaba... sus azules ojos parecían pedazos de un mar en mitad del hielo desolador , solitarios, independientes, dotándole de una personalidad única y temible.
Mis hermanos temblaron y buscaron el calor de mi madre, enroscándose bajo sus protectoras escamas.
Dorgán miró al pequeño, desafiante, y Tarcareth asomó su hocico tras mi hermano mayor, observando curioso.
Vernadath suspiró inquieto y erizó su pequeña cola en punta de flecha.
Brianwell fue la única que se acercó al recién nacido y levantando la mirada al cielo rugió con furia.
Windor permanecía impasible ante las reacciones de mis hermanos y, poco a poco, todos fueron acercándose a él formando un círculo a su alrededor.
Windor los miró a todos con sus grandes ojos azules, uno por uno, y abrió sus pequeñas fauces de las que emanaron densas nubes blancas de humo.
El dragón más fuerte de la camada extendió sus alas transparentes y las batió fieramente.
Un viento helado se apoderó de la madriguera...
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domingo 20 de septiembre de 2009
BRIANWELL

...El Dragón surca el Cielo, majestuoso y bello...
...El Águila poderosa se cruza en su vuelo...
...El rey Sol los une para siempre...
Mi cuarta hermana... la primera hembra...
Brianwell vio la luz diez minutos después de Vernadath, cuarenta minutos después de que lo hiciera mi hermano Dorgán, el mayor, y treinta y ocho minutos después que Tarcareth. Segundos antes, la cáscara del huevo contiendo su frágil cuerpo se convulsionó y tembló presagiando la nueva vida inquieta que se escondía en su interior.
Mucho antes de que se asomara a este mundo, sus ojos, mitad verdes, mitad negros, miraron con curiosidad el exterior a través de la primera grieta producida en el blanco y duro cascarón protector.
Quería saber más antes de dejar sentir su presencia... su cerebro de serpiente pensaba deprisa, desarrollando una inteligencia muy superior a la que era habitual en un reptil de sus características.
A lo lejos, vio reflejado su rostro en un rostro familiar, conocido y hermoso... mi madre, Kandarea, la miraba con los mismos ojos de color de las verdes tierras escocesas y de la negra noche de los tiempos.
La mirada de Brianwell se hizo más intensa. El verde superó al negro y quiso la Vida que los colores se integraran con la luz insólita que desprendían sus escamas, otra vez esa luz... roja, brillante, premonitoria de un destino unido a la Historia de nuestra Tierra y nuestra familia.
La hembra más temible que vió la luz jamás miró a su alrededor y rugió, mostrándose al mundo. Mis tres hermanos mayores detuvieron sus movimientos, atónitos, asombrados y, sobre todo, admirados de la fuerza e inteligencia que se extendía por el espacio de nuestra cueva. Todos se acercaron a ella para mostrarle respeto a la que, intuían, sería la más grande, a la poderosa e imperturbable Brianwell, todos, excepto mi madre.
Kandarea la miró desde lejos y exhaló humo negro de sus fosas nasales mientras se formaba entre sus fauces una sonrisa de triunfo...
Por fin había nacido su heredera...
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domingo 13 de septiembre de 2009
VERNADATH

...La Supervivencia de la especie...
...depende de una gran estrategia...
...el animal nace de las zarpas de la bestia...
...Dragón con piel de Zorro...
Mi tercer hermano...
Vernadath vió la luz treinta minutos después de que lo hiciera Dorgán, el mayor, y veintiocho minutos después del segundo de mis hermanos, Tarcareth.
El vínculo existió desde ese momento entre las tres serpientes voladoras, alumbrando con aquella luz inusual que nos acompañaba en nuestro nacimiento todos los oscuros rincones de nuestra grandiosa y confortable madriguera.
El vínculo existía, pero no tan intenso como entre los dos hermanos mayores, los cuales olisquearon los trozos del huevo blanco que había albergado hasta entonces a Vernadath, el astuto e inteligente, el dragón estratega, el pensante y decidido observador del mundo, aquel que asimila conocimientos, el que desconfía y el que decide el camino.
Vernadath abrió sus pulmones al aire helado, respiró, y observó de reojo entrecerrando sus pequeños ojos, cómo jugueteaban sus hermanos, revolcándose en la cálida superficie de tierra previamente caldeada por nuestra madre que nos colmaba de caricias y calor.
Tarcareth tropezó, enredándose en su larga cola terminada en punta de flecha mientras jugueteaba con Dorgán, haciéndole caer al mismo tiempo arrastrándolo junto a sí, riendo sibilinamente. Ese instante lo aprovechó Vernadath para acercarse a mi madre y buscar cobijo bajo su inmensa estructura, anhelando más calor.
Desde esa privilegiada posición siguió observando los juegos de mis hermanos, aprendiendo sus movimientos y memorizando sus estrategias.
Vernadath cerró los ojos y aspiró el tierno aroma de mi madre.
El día de su nacimiento aprendió muchas cosas...
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miércoles 9 de septiembre de 2009
TARCARETH

"...La Pantera acecha en la oscuridad...
... los acontecimientos se suceden deprisa...
...ella observa el futuro...
...sus manchas se confunden con las escamas del Dragón..."
Mi segundo hermano...
Tarcareth vió la luz dos minutos después de que lo hiciera Dorgán, y peleó, terriblemente, por romper la barrera protectora del duro cascarón, buscando, anhelando el aire turbio y húmedo de nuestra tierra, alzando su nariz hacia el cielo, intentando abrir sus verdes ojos de reptil al mundo.
Sabía que era el segundo de una gran estirpe a los pocos instantes de nacer, y así lo asumió, sus sentidos se agudizaron para percibir el mundo exterior, comprendió y aceptó de inmediato el liderazgo de Dorgán, postrándose con sus raquíticas patas de murciélago ante su hermano mayor.
Dorgán se inclinó sobre él, bajo la atenta mirada de mi madre, Kandarea, y lo olisqueó dándole suaves empujones para comprobar su fuerza. Ambos hermanos se miraron y sostuvieron una muda lucha sin palabras. Se retaron en silencio, sin violencia, como dos seres que empiezan a conocerse y jugaron revolcándose en el suelo húmedo.
Tarcareth comprendió que se hallaba ante el líder de su pueblo.
Dorgán comprendió que se hallaba ante un valioso compañero, cuya importancia como miembro de la estirpe reconoció y dió valor a su instinto silencioso y felino.
Tarcareth se agitó feliz, y sus rojas escamas brillaron con la luz insólita que nos acompañaría a todos los miembros de nuestra familia.
La madriguera volvió a iluminarse de vida y poder.
Pero aún no había terminado todo...
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lunes 7 de septiembre de 2009
DORGÁN

"... El León encierra al Dragón...
... lo acorrala, lo acosa y lo domina...
el Dragón lo enfrenta y lo mira...
... son Dos en Uno solo..."
Mi hermano mayor...
Dorgán vió la luz a la hora de las brujas, en la noche de los muertos en tránsito, acompañado de una niebla blanca y tupida, cortada en un suspiro por sus garras abriéndose paso a través del huevo que lo protegía del frío invernal.
Sus rojas escamas protectoras de su escuálida estructura relucían en la oscuridad de nuestra madriguera, símbolo del poder del linaje de los dragones centroeuropeos y de su fuerza y ferocidad. Su piel desprendía una luz insólita, la misma que nos acompañaría al resto de la camada en nuestro nacimiento.
Su primer aliento convirtió en calor el hielo que cubría nuestro hogar, tímidos espasmos de un pequeño fuego que escapó de su garganta, premonición de lo que sería capaz de ser y sentir, de destruir y proteger. Su alma, dominada por el León, feroz y felina, reinó desde el principio en nuestro pequeño universo, dictando las leyes que regirían nuestro mundo y nuestra misión, estableciendo así su liderazgo en nuestra familia que perdudaría mucho tiempo...
Dorgán estaba predestinado a ser nuestro líder tras la muerte de Althair, mi padre, siguiendo la llamada de la semieterna Antares, estrella protectora de nuestro linaje, cuya directriz asumimos desde nuestro nacimiento, a la que seguiríamos incluso hasta la muerte, y a la que obedeceríamos ciegamente, para proteger a nuestra Sagrada Cruz, Rosslyn, la cruz de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo.
A medianoche nació Dorgán, el Heredero, el futuro líder de nuestro pueblo, el Protector y Guardián de nuestro mundo, el que asumiría con autoridad el mando de la estirpe de los Siete Dragones de Inverness...
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sábado 8 de agosto de 2009
LOS SIETE DRAGONES DE INVERNESS
El día de mi nacimiento vino marcado por la brillante luz de Antares, estrella dominante en la mágica constelación del Escorpión, nada que ver, por tanto, con el conjunto de estrellas del Dragón, qué ironía. Fui dotado, pues, con una mortífera cola acabada en punta de flecha simulando al letal aguijón del insecto terrenal, cosas de la Genética.
Mi madre, Kandarea, sintió la llegada de los futuros dragones la víspera del 1 de Noviembre, la noche mágica de los muertos en tránsito, viajeros de otra dimensión dotados de espíritus mágicos y alegres, disipadores de tinieblas y antiguas creencias, seguidores de la brillante y semieterna Antares, alumbrando los caminos oscuros y tenebrosos del más allá.
Mi madre tuvo un largo parto, expulsando siete huevos, mis hermanos y yo, todos protegidos por el duro cascarón blanco y brillante como la nieve que caía en ese oscuro día de otoño.
Durante la siguiente semana, después de una esmerada y cuidada incubación, fuimos naciendo uno tras otro:
Dorgán, fuerte como el león.
Tarcareth, silencioso como la pantera.
Vernadath, astuto como el zorro.
Brianwell, inteligente como el águila.
Windor, frío como el oso polar.
Valinwell, valiente como el lobo.
Y, por último, nací yo, Lyodrán, último macho de mi especie después de cuatro hermanos y dos hermanas, en este mundo aterrador, frágil y temeroso de ver la luz, pero ávido de conocimientos, sin un vínculo animal que definiera mi existencia... hasta donde yo sabía y conocía...
Lo único que supe en ese instante de luz es que llegamos a este mundo siete dragones fuertes, herederos de una sabiduría que se escapaba entre nuestras rojas escamas, sabiduría que permanecería intocable hasta su expansión definitiva encarnada en una cruz eterna y olvidada...
La Cruz de Rosslyn, protegida desde entonces por los Siete Dragones de Inverness, cuyo nombre adoptó nuestra estirpe por siempre y para siempre...
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sábado 1 de agosto de 2009
ORÍGENES

...la vida es la batalla más difícil...
amar el reto más encantador...
una vez dentro ya no hay regreso...
Ya os lo dije, soy un dragón y nací durante lo que los humanos llamáis la Alta Edad Media. Soy un animal mitológico porque el hombre así lo dispuso, negando nuestra existencia real por pura conveniencia, ignorando nuestras gestas y haciéndolas suyas, relegando a los de mi especie a un inmerecido lugar fuera de la Historia.
Soy un dragón de raza centroeuropea pero mis orígenes se remontan a los antiguos dragones celtas que poblaron el sur de Europa en una época convulsa envuelta en la Ignorancia, la Superstición y la supervivencia del más fuerte, rodeada de verdades a medias, una época en la que la Religión y la Mentira dominaban a los hombres, perdida toda cordura y pensamiento propio, hombres sin hogar, sin futuro, sin esperanza, anhelando una probable vida mejor que nunca llegaría...
Ví la luz del sol el año 800 de la Era de Nuestro Señor, año draconiano 2.799, en la lejana Inverness (Inbhir Nis en gaélico escocés), capital de las Highlands o Tierras Altas de Escocia, un lugar remoto y alejado de la cuna de mis antepasados en
Magyar Köztársaság, la actual Hungría.
Por aquel entonces, los humanos se dividían en clanes, guerreros poderosos que luchaban por el dominio de las tierras, utilizando cualquier arma conocida, ideando uniones entre las más poderosas familias, en una guerra donde todo era válido, y esos pedazos de tierra en litigio significaban para algunos más que su propia vida, dispuestos, por tanto, a sacrificarla en aras de añadir unos metros más de terreno a sus propiedades.
Mi padre, Althair, era el líder de nuestro pueblo y había llegado desde su lugar de orígen, Budapest, en la lejana Hungría, buscando un nuevo espacio para vivir los de nuestra especie. A él le siguió mi madre, Kandarea, hija de Bilthor, dragón originario del norte de España, de un lugar llamado "Finisterre", que significa "fin de la tierra", término en latín que prefiere utilizar debido a su avanzada edad, puesto que es cosa de la Genética expresarnos en lengua muerta cuando envejecemos.
Mi abuelo es el dragón más sabio de todos cuantos han existido jamás y su hija, mi madre, aportó la sabiduría de su familia y su belleza draconiana a la fuerza y fiereza del linaje de mi padre.
Nací de un huevo, me gusta recordarlo, y soy escocés...
Mi madre, pues, demostró ser una hembra inteligente, escogiendo al dragón más fuerte de su entorno, para alumbrar hijos dignos de la herencia mágica de los dragones, procreando luchadores de fuego que no temieran a la nueva y dura vida que pronto atraparían sus ojos de grandes reptiles...
Estos son los orígenes de la estirpe de los Dragones de Rosslyn, los Siete Dragones de Inverness...
sábado 25 de julio de 2009
EL INICIO
"Y esto que les he escrito, podría ser suficiente para satisfacer a cualquier hombre razonable de que existen serpientes voladoras y dragones en el mundo"
(Edward Topsell, 1658)
Vivo entre dos mundos...
Mi corazón se debate sin tregua, sin paz...
He de hablaros del Inicio, del principio de esta Historia, del Encuentro, de la Genética, de La Que Vive Conmigo, todo en mayúsculas, por respeto...
Nací en pleno apogeo de la Alta Edad Media, pronto sabréis en qué lugar, en unos tiempos oscuros en los que predominaban la Sinrazón, la Magia y las Artes Ocultas, la búsqueda de la Piedra Filosofal, la Intolerancia y el Fanatismo.
Era éste un mundo en guerra, cruel y conquistador de riquezas ajenas, un mundo en el que Hadas, Elfos, Gnomos, Orcos y otras criaturas fantásticas poblaban las Tierras donde ahora habitáis vosotros, ignorantes de una vida que ni en sueños podíais imaginar, donde todo era posible y accesible, lejos, muy lejos de vuestra realidad.
Un mundo donde existían Caballeros, donde el Honor de una Dama era del todo punto incuestionable, defendida en el Juicio ante Dios y ante los Hombres por la lucha de Guerreros con espada, a muerte, la vida por la mujer venerada.
Un mundo en el que valía la pena vivir y morir, pues tan altos ideales imperaban capaces de dar la vida por ellos, sin cuya existencia no hubiera sido posible que llegara a existir la realidad conocida, realidad forjada a sangre y fuego, cual preciada espada de un Caballero, deseada, temida, en torneos de respeto y servidumbre, lealtad y sumisión.
Honor, Caballería, Leyes de Vida y Muerte, Guerreros legendarios, Hechizos y Brujería.
Todo ello existió hace mucho, mucho tiempo...
Y así comienza mi historia, mi vida y mi pensamiento....

Publicado por Carolina en 19:11 6 Pensamientos de los Maestros
sábado 18 de julio de 2009
TERCER MENSAJE DE LYODRÁN AL MUNDO

Soy un animal, nací de un huevo y soy un dragón.
Y sabéis muchos de vosotros, los que me conocéis desde mi nacimiento, que aprendo las cosas de este mundo gracias a la que vive conmigo.
Soy un animal pero no soy tonto.
Veo lo que ocurre en este mundo y estoy enfadado, he llegado a amenazar con arrasar esta tierra con una llamada a los de mi especie.
Y no lo hago. Me contengo...
Después de un tiempo ausente visitando mi mundo, he vuelto al espacio de los humanos. Mis sentimientos son contradictorios, me ahogo en un mar de confusión.
Intento comprender el por qué del exterminio de mis semejantes, diferentes en especie, pero únicos en una gran familia animal.
Por qué se asesinan mamíferos para vestir pieles que valen fortunas, focas del ártico, zorros, visones, muertos, no para subsistir el hombre, sino únicamente por su pelaje.
Por qué se asesinan a los supervisores de los mares indiscriminadamente, masivamente, hasta provocar su extinción, cuando su sónar es es el que avisa de los peligros a los navegantes. Aguas en las que nadan delfines, son aguas seguras, dicen los marineros. Ballenas que vigilan y limpian los mares, grandes aliados pero masacrados contínuamente.
Por qué se experimenta con seres vivos causándoles dolor y sufrimiento, conejos, cobayas, simios, qué diablos le importa al hombre abandonarlos después a su suerte cuando ya no sirven a sus crueles objetivos.
Por qué se producen matanzas de perros si antes no se supo controlar su reproducción. Dios de este mundo, me duele el corazón y mis llamas producen humo negro de puro dolor...
No entiendo por qué los gobiernos de este planeta no escuchan a los sabios pueblos que, siglo tras siglo, nos alertan y avisan de que nuestra supervivencia consiste en nuestra comunión con la Madre Tierra, con la Naturaleza y con su existencia, con el respeto a la vida, siguiendo un círculo "razonable" de matar para sobrevivir y no para enriquecerse.
Me provoca un caos en mi persona la poca experiencia con los humanos, y el tener conocimiento de que los hombres son capaces de cualquier cosa si con ello satisfacen sus egoístas intereses, sin saber ellos que por cada especie animal que se extingue en la Tierra, significa un paso atrás en la evolución, hasta alcanzar un punto de "no retorno", aquél que provocará la extinción de la raza humana y acabará con la vida en el planeta Tierra.
Porque, lo queramos o no, la supervivencia humana depende de la existencia de los Animales.
La que vive conmigo me cuenta que en África existe un proverbio que dice: "El día en que desaparezca el último animal sobre la faz de la Tierra, estará el hombre condenado a desaparecer".
Yo sé que es cierto, ocurrió en mi mundo pero nadie lo cree, porque incluso nadie cree que yo exista en verdad. Soy un animal mitológico pero vivo en los corazones de las personas inocentes de corazón y sentimientos, que creen que los sueños y los buenos deseos pueden llegar a ser una realidad.
Y os aviso: cierto es que el Hombre necesita a los Animales para sobrevivir. Es Ley de Vida, pues el animal fue creado para servir y ayudar al hombre, y éste le debe respeto y agradecimiento.
Sin ellos no existiríamos, seríamos parias mendigando por un trozo de pan a las bestias más feroces y fuertes que nosotros.
Es la Ley de la Naturaleza.
Así, que, seamos agradecidos, mostremos respeto a los que conviven con nosotros y no seamos tan egoístas...
O volverá a despertar el gigante dormido...
Lyodrán, El Dragón.






















