martes, 22 de septiembre de 2009

WINDOR




...Un viento helado sopló en el mundo...
...La piel del oso se quebró y se abrió...
...Una serpiente nació del hielo...




Mi quinto hermano...



Windor vio la luz ocho minutos después de que lo hiciera Brianwell, y el tiempo se detuvo... un frío aterrador alcanzó a mi madre y a mis hermanos en el mismo instante en que se rompió el cascarón blanco y brillante que protegía al dragón más grande que contempló jamás esta tierra. Su boca se abrió dejando escapar un suave murmullo, como el reclamo de un osezno a su madre, pero de su garganta asomó un vaho blanco, helado y neblinoso.

La blanca nube formada por su primer aliento se mezcló con la roja luz insólita propia del nacimiento de nuestra camada, dotando a las frías paredes de nuestra cueva de un tono rosado y acogedor a pesar del hielo desprendido por el huevo al romperse.

Mi madre no supo de dónde provenía el frío inaudito que se sintió con la llegada de Windor.

Mi quinto hermano estiró sus extremidades y miró el entorno que lo rodeaba... sus azules ojos parecían pedazos de un mar en mitad del hielo desolador , solitarios, independientes, dotándole de una personalidad única y temible.
Mis hermanos temblaron y buscaron el calor de mi madre, enroscándose bajo sus protectoras escamas.
Dorgán miró al pequeño, desafiante, y Tarcareth asomó su hocico tras mi hermano mayor, observando curioso.
Vernadath suspiró inquieto y erizó su pequeña cola en punta de flecha.
Brianwell fue la única que se acercó al recién nacido y levantando la mirada al cielo rugió con furia.

Windor permanecía impasible ante las reacciones de mis hermanos y, poco a poco, todos fueron acercándose a él formando un círculo a su alrededor.
Windor los miró a todos con sus grandes ojos azules, uno por uno, y abrió sus pequeñas fauces de las que emanaron densas nubes blancas de humo.

El dragón más fuerte de la camada extendió sus alas transparentes y las batió fieramente.

Un viento helado se apoderó de la madriguera...

domingo, 20 de septiembre de 2009

BRIANWELL




...El Dragón surca el Cielo, majestuoso y bello...
...El Águila poderosa se cruza en su vuelo...
...El rey Sol los une para siempre...



Mi cuarta hermana... la primera hembra...


Brianwell vio la luz diez minutos después de Vernadath, cuarenta minutos después de que lo hiciera mi hermano Dorgán, el mayor, y treinta y ocho minutos después que Tarcareth. Segundos antes, la cáscara del huevo contiendo su frágil cuerpo se convulsionó y tembló presagiando la nueva vida inquieta que se escondía en su interior.
Mucho antes de que se asomara a este mundo, sus ojos, mitad verdes, mitad negros, miraron con curiosidad el exterior a través de la primera grieta producida en el blanco y duro cascarón protector.

Quería saber más antes de dejar sentir su presencia... su cerebro de serpiente pensaba deprisa, desarrollando una inteligencia muy superior a la que era habitual en un reptil de sus características.
A lo lejos, vio reflejado su rostro en un rostro familiar, conocido y hermoso... mi madre, Kandarea, la miraba con los mismos ojos de color de las verdes tierras escocesas y de la negra noche de los tiempos.

La mirada de Brianwell se hizo más intensa. El verde superó al negro y quiso la Vida que los colores se integraran con la luz insólita que desprendían sus escamas, otra vez esa luz... roja, brillante, premonitoria de un destino unido a la Historia de nuestra Tierra y nuestra familia.

La hembra más temible que vió la luz jamás miró a su alrededor y rugió, mostrándose al mundo. Mis tres hermanos mayores detuvieron sus movimientos, atónitos, asombrados y, sobre todo, admirados de la fuerza e inteligencia que se extendía por el espacio de nuestra cueva. Todos se acercaron a ella para mostrarle respeto a la que, intuían, sería la más grande, a la poderosa e imperturbable Brianwell, todos, excepto mi madre.

Kandarea la miró desde lejos y exhaló humo negro de sus fosas nasales mientras se formaba entre sus fauces una sonrisa de triunfo...

Por fin había nacido su heredera...

domingo, 13 de septiembre de 2009

VERNADATH




...La Supervivencia de la especie...
...depende de una gran estrategia...
...el animal nace de las zarpas de la bestia...
...Dragón con piel de Zorro...


Mi tercer hermano...



Vernadath vió la luz treinta minutos después de que lo hiciera Dorgán, el mayor, y veintiocho minutos después del segundo de mis hermanos, Tarcareth.
El vínculo existió desde ese momento entre las tres serpientes voladoras, alumbrando con aquella luz inusual que nos acompañaba en nuestro nacimiento todos los oscuros rincones de nuestra grandiosa y confortable madriguera.

El vínculo existía, pero no tan intenso como entre los dos hermanos mayores, los cuales olisquearon los trozos del huevo blanco que había albergado hasta entonces a Vernadath, el astuto e inteligente, el dragón estratega, el pensante y decidido observador del mundo, aquel que asimila conocimientos, el que desconfía y el que decide el camino.

Vernadath abrió sus pulmones al aire helado, respiró, y observó de reojo entrecerrando sus pequeños ojos, cómo jugueteaban sus hermanos, revolcándose en la cálida superficie de tierra previamente caldeada por nuestra madre que nos colmaba de caricias y calor.

Tarcareth tropezó, enredándose en su larga cola terminada en punta de flecha mientras jugueteaba con Dorgán, haciéndole caer al mismo tiempo arrastrándolo junto a sí, riendo sibilinamente. Ese instante lo aprovechó Vernadath para acercarse a mi madre y buscar cobijo bajo su inmensa estructura, anhelando más calor.
Desde esa privilegiada posición siguió observando los juegos de mis hermanos, aprendiendo sus movimientos y memorizando sus estrategias.

Vernadath cerró los ojos y aspiró el tierno aroma de mi madre.
El día de su nacimiento aprendió muchas cosas...

miércoles, 9 de septiembre de 2009

TARCARETH



"...La Pantera acecha en la oscuridad...
... los acontecimientos se suceden deprisa...
...ella observa el futuro...
...sus manchas se confunden con las escamas del Dragón..."



Mi segundo hermano...



Tarcareth vió la luz dos minutos después de que lo hiciera Dorgán, y peleó, terriblemente, por romper la barrera protectora del duro cascarón, buscando, anhelando el aire turbio y húmedo de nuestra tierra, alzando su nariz hacia el cielo, intentando abrir sus verdes ojos de reptil al mundo.

Sabía que era el segundo de una gran estirpe a los pocos instantes de nacer, y así lo asumió, sus sentidos se agudizaron para percibir el mundo exterior, comprendió y aceptó de inmediato el liderazgo de Dorgán, postrándose con sus raquíticas patas de murciélago ante su hermano mayor.


Dorgán se inclinó sobre él, bajo la atenta mirada de mi madre, Kandarea, y lo olisqueó dándole suaves empujones para comprobar su fuerza. Ambos hermanos se miraron y sostuvieron una muda lucha sin palabras. Se retaron en silencio, sin violencia, como dos seres que empiezan a conocerse y jugaron revolcándose en el suelo húmedo.

Tarcareth comprendió que se hallaba ante el líder de su pueblo.
Dorgán comprendió que se hallaba ante un valioso compañero, cuya importancia como miembro de la estirpe reconoció y dió valor a su instinto silencioso y felino.

Tarcareth se agitó feliz, y sus rojas escamas brillaron con la luz insólita que nos acompañaría a todos los miembros de nuestra familia.
La madriguera volvió a iluminarse de vida y poder.
Pero aún no había terminado todo...

lunes, 7 de septiembre de 2009

DORGÁN



"... El León encierra al Dragón...
... lo acorrala, lo acosa y lo domina...
el Dragón lo enfrenta y lo mira...
... son Dos en Uno solo..."



Mi hermano mayor...

Dorgán vió la luz a la hora de las brujas, en la noche de los muertos en tránsito, acompañado de una niebla blanca y tupida, cortada en un suspiro por sus garras abriéndose paso a través del huevo que lo protegía del frío invernal.

Sus rojas escamas protectoras de su escuálida estructura relucían en la oscuridad de nuestra madriguera, símbolo del poder del linaje de los dragones centroeuropeos y de su fuerza y ferocidad. Su piel desprendía una luz insólita, la misma que nos acompañaría al resto de la camada en nuestro nacimiento.

Su primer aliento convirtió en calor el hielo que cubría nuestro hogar, tímidos espasmos de un pequeño fuego que escapó de su garganta, premonición de lo que sería capaz de ser y sentir, de destruir y proteger. Su alma, dominada por el León, feroz y felina, reinó desde el principio en nuestro pequeño universo, dictando las leyes que regirían nuestro mundo y nuestra misión, estableciendo así su liderazgo en nuestra familia que perdudaría mucho tiempo...

Dorgán estaba predestinado a ser nuestro líder tras la muerte de Althair, mi padre, siguiendo la llamada de la semieterna Antares, estrella protectora de nuestro linaje, cuya directriz asumimos desde nuestro nacimiento, a la que seguiríamos incluso hasta la muerte, y a la que obedeceríamos ciegamente, para proteger a nuestra Sagrada Cruz, Rosslyn, la cruz de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo.

A medianoche nació Dorgán, el Heredero, el futuro líder de nuestro pueblo, el Protector y Guardián de nuestro mundo, el que asumiría con autoridad el mando de la estirpe de los Siete Dragones de Inverness...

Tantas veces importa más el fuego del Dragón
Que la sal en la herida olvidas
Pero la cicatriz te recuerda
Los parches que existen en el corazón

La que vive conmigo

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Carolina
Soy occidental pero mi corazón es oriental. Soy humana pero soy El Halcón. Todo en mí es pura contradicción. Maiko en proceso de aprendizaje.
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Vive Dios que no ha pisado la Tierra bestia equiparable al poderoso Dragón en lo que a fuerza y majestuosidad se refiere, y pocas hay en ellas tan dignas de los diligentes estudios de los hombres sabios

Gildas Magnus, Ars Draconia
Y esto que les he escrito, podría ser suficiente para satisfacer a cualquier hombre razonable de que existen serpientes voladoras y dragones en el mundo

Edward Topsell, 1658
Temblad y sufrid la ira de los Dragones pues nada es más poderoso, majestuoso y bello que un Dragón a punto de destruirte con un solo soplido de fuego
La Vida comenzó con el Fuego.
Su guardián, el Dragón.
El Fin de los Tiempos comenzará con el Fuego...

Dominar el Cielo, guardar el Infierno.
Tan alta misión es propiedad del Dragón.
No existirá jamás criatura alguna en este mundo capaz de ello...

 

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